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IMPLOSION INTERNA

Pensamientos, reflexiones, inquietudes sobre tópicos de nuestra interrelación con la razón de nuestra existencia y hechos que generan acción

18 Abril 2010

CUIDADO CON LA ENVIDIA

 

Carlos Mora Vanegas

La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren. Arthur Schopenhauer

Jamás debemos dejarnos atacar por la envidia,  permitir que ella nos desequilibre, afecte nuestra armonía, paz, genere resentimientos, odio, desequilibrio, debemos saber aceptar nuestra realidad tal como se presente, y no dejarnos atrapar por la envidia

No sea de las personas que se deja manejar por la envidia, puesto hay muchas que  se sienten continuamente amenazadas y angustiadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia contra todo el mundo, atormentadas sin descanso por la envidia.

 Lo que es más triste se sabe de personas que no la pueden controlar y se dice hacen uso de la magia, de acciones negativas para dañar a aquellas personas que han alcanzado lo que ello no han podido lograr.

Ya Víctor Hugo comentaba sobre la envidia, que un envidioso  es un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta. Diógenes Laercio al respecto señalaba que la envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.

Leonardo Da Vinci por su parte comentaba, que en cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia, y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia. Miguel de Unamuno  opina sobre ella, que La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual

 La Real Academia Española señala sobre ella que  es la tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación, deseo de algo que no se posee.

Wikipedia al respecto, aporta, que lo que no le agrada al envidioso no es tanto algún objeto en particular que un tercero pueda tener sino la felicidad en ese otro. Entendida de esta manera, es posible concluir que la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor

Dante Alighieri en el poema de El Purgatorio, define la envidia como "Amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos." El castigo para los envidiosos es el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer. En la edad media el famoso cazador de brujas, el cardenal Peter Beasbal le atribuyó a la envidia el demonio llamado Leviatán, un demonio marino y que era sólo controlado por Dios.

Se nos agrega, que la envidia ha sido frecuentemente tema literario y ha inspirado relatos literarios como el de Caín y Abel que aparece en el Génesis de la Biblia. Este relato, en realidad, ejemplifica la rivalidad y conflictos históricos entre los sistemas de vida nómadas y sedentarios de pastores y agricultores que se han desarrollado siempre a lo largo de la historia, también entre los pueblos semíticos. El escritor de la generación del 98, Miguel de Unamuno afirmaba que era el rasgo de carácter más propio de los españoles y escribió para ejemplificarlo su novela Abel Sánchez, en que el verdadero protagonista, que significativamente no da título a la obra, ansioso de hacer el bien por la humanidad, sólo recibe desprecio y falta de afecto por ello, mientras que el falso protagonista, que sí da título a la obra, recibe todo tipo de recompensas y afecto por lo que no ha hecho

Nos recuerda Wikipedia además, que Bertrand Russell sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad. Siendo universal es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros.

 Definitivamente, uno debe sorprenderse en caso de haber experimentado la envidia como ésta ha incidido en la conducta, comportamiento, que ha generado, si ha dado paso a la rabia, al egoísmo, odio, desarmonía a estados que han alterado nuestra armonía, si ha provocado reacciones que hacen que generemos una energía negativa que puede dar paso a consecuencias muy negativas y dañinas.

Muy interesante cuando  se nos agrega, que la envidia revela una deficiencia de la persona, del ser envidioso, que no está dispuesto a admitir. Si el envidioso estuviera dispuesto a saber de sí, a reconocerse, asumiría ante los demás y ante sí mismo sus carencias.

La dependencia unidireccional del envidioso respecto del envidiado persiste aún cuando el envidiado haya dejado de existir. Y esta circunstancia -la inexistencia empírica del sujeto envidiado y la persistencia, no obstante, de la envidia respecto de él-descubre el verdadero objeto de la envidia, que no es el bien que posee el envidiado, sino el sujeto que lo posee.

El envidioso acude para el ataque a aspectos difícilmente comprobables de la privacidad del envidiado, que contribuirían, de aceptarse, a decrecer la positividad de la imagen que los demás tienen de él (el envidioso tiende a hacerse pasar por el mejor «informado», advirtiendo a veces que «aún sabe más»). Pero adonde realmente dirige el envidioso sus intentos de demolición es a la imagen que los demás, menos informados que él, o más ingenuos, se han construido sobre bases equivocadas.

¿Cómo conseguirlo? Mediante la difamación, originariamente disfamación. En efecto, la fama es el resultado de la imagen. La fama por antonomasia es «buena fama», «buen nombre», «crédito». La difamación es el proceso mediante el cual se logra desacreditar gravemente la buena fama de una persona.

 Se nos indica otro  aspecto muy importante, cuando se  comenta, que  realmente el verdadero objeto de la envidia, no está  en el bien que el otro posee, sino en el (modo de) ser del envidiado, que lo capacita para el logro de ese bien.

Nos aporta José Luís Cano, que  la envidia es un sentimiento de frustración insoportable ante algún bien de otra persona, a la que por ello se desea inconscientemente dañar

El envidioso es un insatisfecho (ya sea por inmadurez, represión, frustración, etc.) que, a menudo, no sabe que lo es. Por ello siente consciente o inconscientemente mucho rencor contra las personas que poseen algo (belleza, dinero, sexo, éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad, etc.) que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar. Así, en vez de aceptar sus carencias o percatarse de sus deseos y facultades y darles curso, el envidioso odia y desearía destruir a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación. La envidia es, en otras palabras, la rabia vengadora del impotente que, en vez de luchar por sus anhelos, prefiere eliminar la competencia. Por eso la envidia es una defensa típica de las personas más débiles, acomplejadas o fracasadas.

 

 

 

 

 

 

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Profesional de la Ingeniería y abogacía. Interesado en literatura, filosofía, reflexiones de la vida, todo lo que ayude a expresar lo que sentimos y hemos experimentado.

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