EL SANTO GRIAL
Carlos Mora V
Pensar es fácil; actuar, difícil; transformar los pensamientos en actos es lo más difícil. Johann W. Goethe
Mucho se ha escrito, especulado sobre el Santo Grial. Se dice al respecto, que mientras el Nuevo Testamento apenas aporta información, un evangelio apócrifo del Siglo XII recupera un objeto de simbología inagotable cuyo misterio no se ha desvanecido todavía.
Nos aporta Wikipedia, que la palabra grial -pronunciada «graal» en inglés medio- parece ser una adaptación francesa del término latino «gradalis» que implica la idea de un plato que es llevado a la mesa en diferentes momentos («gradus») de una comida.
Se ha escrito que la etimología y significado de la palabra Grial se ha explicado de muchas formas. En general se acepta la explicación del cronista cisterciense Helinandus (alrededor de 1230), quien menciona la versión que tuvo un ermitaño en el año 717 relativa a un plato utilizado por Jesucristo en la Ultima Cena y sobre el que dicho ermitaño escribió un libro en latín titulado Gradale, esta palabra dio lugar a la francés graal o greal y a la inglesa grail. Según la explicación de Helinandus y significa plato, escudilla, ancho y a veces hondo, utilizado para servir a los ricos alimentos suculentos en pequeñas cantidades.
En el lenguaje popular a este recipiente también se le llama Greal, debido a que es agradable (grata) comer en él. Otros derivan la palabra de garalis o de cratalis
Al respecto dice Helinand de Froidmont (What is a Grail?) en su Cronicón (siglo XIII): «... un plato ancho y algo profundo en que habitualmente se colocan las carnes caras para el rico... normalmente se denomina grial». En algunos textos de la Baja Edad Media aparece trascripto como «San Gréal» lo que dio lugar a interpretaciones que lo hacían derivar de una supuesta forma «Sang Réal», es decir, «sangre real». Esta teoría se desarrolla en profundidad en el libro de Michael Baigent y Richard Leigh: El enigma sagrado (Holy Blood, Holy Grail, en inglés) que fue utilizado por Dan Brown para su novela El Código Da Vinci.
Se señala, que el Santo Grial es la más preciada reliquia de la cristiandad. Infinidad de enclaves europeos dicen poseer el auténtico cáliz de la última cena.
Se ha escrito también, que el Grial es parte de la mitología cristiana medieval, es decir, que carece de referencias específicas en los textos bíblicos. Diversos elementos han entrado en la formación del mito, entre ellos las leyendas monacales con su contenido alegórico y las referencias precristianas, a recipientes mágicos, como el cuerno de la abundancia o los calderos de la tradición céltica.
Autores posteriores identifican al Grial con la piedra filosofal de los alquimistas, las supuestas reliquias halladas por los Templarios o una alusión velada a la descendencia de Jesús. En su mayor parte, estos investigadores se vinculan a teorías conspirativas elaboradas con escasa rigurosidad histórica.
Peter Redgrove y Penélope Shuttle ven en la imaginería del Grial un símbolo de la matriz femenina y del ciclo menstrual.
Se dice, que entre los años 1180 y 1240se componen la mayoría de las novelas relativas al Grial.El primer autor en mencionar al Grial es, entre 1181 y 1191, el poeta Chrétien de Troyes en su narración Perceval -también llamada Le Conte du Graal-. La obra, presentada como tomada de un libro antiguo, habla de la visita de Perceval -quien aspira a ser caballero del Rey Arturo- al castillo del Rey Pescador, en el cual le es mostrado un grial. Dentro del mismo hay una especie de oblea que, milagrosamente, alimenta al herido padre del Rey. Perceval no pregunta por el significado de este objeto, lo cual le es reprochado más tarde. Aunque posee un claro simbolismo cristiano, Chrétien no explica en qué consiste el grial, y la obra se interrumpe bruscamente. El autor no lo denomina «santo», ni lo designa como «el grial», sino simplemente como «un grial» y considera más importante su contenido -alude a la hostia consagrada del catolicismo que el recipiente
La obra de Chrétien de Troyes marcaría el comienzo de la leyenda, pero serían Robert de Boron y Wolfram von Eschenbach quienes la desarrollarían de la manera que la conoció la Europa medieval. Robert de Boron, en Joseph d'Arimathie y Estoire del San Graal, es el responsable en transformar al «grial» de Chrétien en «El Santo Grial». Este autor inglés espiritualiza el simple plato mencionado por el francés y lo convierte en la copa de la Última Cena, la misma que, según sostenían las leyendas, José de Arimatea usó después para recoger la sangre de las heridas durante la crucifixión de Cristo. De Boron es también el primero en afirmar que José y su familia llevaron el Grial a partes no especificadas de Britania. Desde entonces existiría en la isla una dinastía de guardianes del Grial a la cual finalmente se uniría Perceval
Andrea Ramos nos comenta, que según la leyenda apócrifa, José de Arimatea con la copa habría recogido la sangre que manó del costado de Jesús, cuando el centurión romano le calvo su lanza. Sin embargo los datos históricos confiables que se poseen, tanto sobre José de Arimatea, como sobre el cáliz, son tan sucintos, que ni siquiera se sabe como era aquel recipiente.
Se dice, que José legó el Grial a Bron, marido de su hermana que acabó por convertirse en el rey pescador, cuando logró alimentar a una gran cantidad de personas con un solo pez de su Gial, éstos se dirigieron hacia Avalón, donde esperaron la llegada de un nuevo guardián que custodiara la reliquia, que se conservaba en un templo en Muntsalvach, la montaña de la salvación, vigilada por un orden de caballeros
Muy interesante además, es la leyenda que parte del supuesto de la existencia de un linaje sagrado de herederos directos de Jesús con María Magdalena al frente, huyeron hasta Europa depositando el Grial en algún emplazamiento secreto. Dicho enclave, sería la meta obligada de toda una estirpe de caballeros iniciados los de la Tabla Redonda que dedicarían su vida a una búsqueda trascendente cuyo objetivo último es el Grial, sus virtudes, su conocimiento y el poder que confiere a quien llegue a poseerlo.
Sin duda alguna, el Grial es la reliquia más célebre de la cristiandad. Y, sin embargo, es al mismo tiempo el objeto sagrado más complejo y desconocido en cuanto a su simbolismo. El Nuevo Testamento sólo lo menciona al relatar el desarrollo de la Última Cena, describiéndolo como el cáliz utilizado por Cristo y sus discípulos. No será hasta cientos de años más tarde, a partir del siglo XII, cuando comienzan a extenderse por toda Europa una serie de tradiciones, poemas y romances medievales que añaden multitud de detalles sobre la historia de este objeto sagrado.
Se nos recuerda, que existen infinidad de tradiciones y leyendas que aluden al Grial casi en cualquier punto de la cristiandad. Muchas de estas historias incluso pretenden ofrecer pistas sobre el paradero del misterioso y sagrado objeto. Una de las primeras referencias sobre el Grial procede del diario de un peregrino del siglo VII llamado Arculf. Según éste, en su viaje a Jerusalén pudo ver el cáliz de Cristo, "una copa hecha de plata, con capacidad para una pinta", custodiada en el interior de una capilla.
Más célebre es la tradición que señala a Glastonbury como escondite de dicha reliquia. De esta asociación se hace eco el texto ya mencionado de Robert de Boron, que sitúa a José de Arimatea en tierras británicas. Tras levantar el primer templo de la cristiandad, dedicado a María, habría fundado la Orden de los caballeros del Grial para custodiar el cáliz. En la actualidad Glastonbury se ha convertido en un lugar de peregrinación para los grupos más variopintos: católicos, protestantes, esoteristas, practicantes de cultos paganos, buscadores de tesoros... Algunos acuden por simple religiosidad, y otros porque, supuestamente, el Grial está escondido en sus proximidades. Muchos piensan que la copa sagrada se esconde en el Chalice Well o "pozo del cáliz", del que manan aguas rojizas debido a su alto contenido en hierro. También hay otro pozo, el White Spring o "Fuente Blanca", de aguas cristalinas. Ambos manantiales simbolizarían la sangre y el sudor de Cristo recogidos en el Grial por José de Arimatea.

