SABER JUZGAR ASERTIVAMENTE
Carlos Mora V.
Tiene derecho a criticar, quien tiene un corazón dispuesto a ayudar. Abraham Lincoln
Cuando se manifiestan discrepancias con respecto a las opiniones que alguien manifiesta sobre un determinado tema, o simplemente, por su forma de actuar, proceder, comportarse, no nos debemos dejarnos llevar por las emociones impulsivas, en donde aflore la rabia, la ira, la desarmonía, todo lo contrario, se debe estar más atento a la manera como esos estímulos que muchas veces se plasman en palabras , gestos, pueden aflorar, dar paso a juicios, críticas que en vez de favorecer, perjudican y nossindican, que todavía no hemos estado atento en nuestro crecimiento, especialmente el espiritual.
Debemos sorprendernos en como actuamos, en porque damos oportunidad a que la crítica aflore de una manera destructiva, sin importar las afectaciones que de ellas pueden generarse por no saberla manejar, por no saber dar una opinión constructiva. Sobre todo , cuando no sabemos lo que la persona puede estar pasando o diciendo que conlleve a esos desequilibrios que dan paso a la critica.
Debemos tener siempre presente, que somos energía, que actuamos a través de ese dinamismo que la energía nos genera y que ella está sometida a estímulos internos y externos que debemos saber controlar ,a fin de saberla gerenciar adecuadamente, evitar que se malgaste y que nos genere resultados no favorables, afectándonos seriamente en lo físico y aun en lo psíquico.
Debemos saber controlarnos, sorprendernos inatento en todo aquello en que debiéramos estar más atento y no dejarnos conducir por las emociones, especialmente las que afloran sin control y dan paso a acciones, palabras, gestos que originan resultados no favorables y nos perjudican seriamente en nuestro crecimiento.
Obsérvese como administra sus emociones, como procede ante aquello que no le agrada, que considera que no esta de acuerdo cono lo que usted piensa, que no comparte su contenido, hasta la manera de actuar de esa persona que hace que usted lo critique, lo juzgue y muchas veces, sin saber el por qué esa persona se comporta de esa manera, cuál es la razón de ser de su acto, de todo aquello que no le place.
Se nos recuerda una historia interesante al respecto que señala que en un pueblo de la India vivían en la misma calle, un asceta y una prostituta. El asceta llevaba una vida de penitencia y rigor, apenas comía y dormía en una mísera choza. La mujer era visitada muy frecuentemente por hombres. Un día el asceta increpó a la prostituta:
--¿Qué forma de vida es la tuya, mujer perversa?. Estas corrompida y corrompes a los demás. Insultas a Dios con tu comportamiento.
La mujer se sintió muy triste y lloro. En verdad deseaba llevar otra forma vida, pero le era muy difícil dadas sus condiciones (tenia que alimentar a su familia). Aunque no podía cambiar su modo de conseguir unas monedas, se apenaba y lamentaba de tener que recurrir a la prostitución, y cada vez que era tomada por un hombre, dirigía su mente y conciencia hacia el Divino.
Por su parte, el asceta comprobó con enorme desagrado que la mujer seguía siendo visitada por toda clase de individuos. Adoptó la medida de coleccionar un guijarro por cada individuo que entrara en la casucha de la mujer. Al cabo de un tiempo, tenía un buen montón de guijarros. Llamo a la mujer y la recriminó:
--Mujer, eres terrible. ¿Ves estos guijarros?. Cada uno de ellos suma uno de tus abominables pecados.
La mujer se entristeció, sintió mucho dolor y una gran tribulación. Deseo morir y muy profundamente que Dios la apartase de este modo de vida, y , unas semanas más tarde, el ángel de la muerte la visito y se la llevo. Ese mismo día, por designios del inexorable destino, también murió el asceta, y he aquí que la mujer fue conducida a las regiones de la luz sublime y el asceta a las de las densas tinieblas.
Al observar dónde lo llevaban, el asceta protestó enérgica y furiosamente por la injusticia que Dios cometía con él. Un mensajero del Divino le explicó:
--Te quejas de ser conducido a las regiones inferiores y más densas a pesar de haber gastado tu vida en austeridades y penitencias, y de que, en cambio, la mujer haya sido conducida a las regiones más elevadas y de luz.
Pero, ¿es que no comprendes que somos aquello que cosechamos? ¿Qué si ves la menor distinción entre Dios y tu más pura esencia, es que no has comprendido?. Echa un vistazo a la tierra. Allí yace tu cuerpo, rociado de perfumes y cubierto de pétalos de rosas, honrado por todos, cortejado por músicos y plañideras, a punto para ser incinerado con todo los honores. En cambio, mira el cuerpo de la mujer, abandonado a los buitres y ignorada por todos y por todos despreciada. Pero, sin embargo, ella cultivó pureza y elevados ideales para su corazón pensado en Dios constantemente, y tú, por el contrario, de tanto mirar el pecado, teñiste tu alma de impurezas. Tu corazón lo sembraste de resentimiento y amargura con tanto rigor y critica. ¿Comprendes, pues, por qué cada uno va a sitios tan diferentes, vas allá donde has puesto tu energía?.
Debemos evitar el juzgar al prójimo, evitar dejarnos atrapar por muchos aspectos que el juicio puede involucrar sino se le evita el herir, y más interpretar hechos, que no se sabe a ciencia cierta por que se dan de esa forma.
Considérese, que se ha dicho como nos lo recuerda mercaba.org, que no existe nada más grave, más enojoso, que juzgar o despreciar al prójimo imagínense a un familiar, a un ser querido. ¿Por qué, más bien, no nos juzgamos a nosotros mismos, ya que conocemos nuestros defectos, de los cuales deberemos rendir cuenta a Dios? ¿Por qué usurpar el juicio de Dios?¿No deberíamos temblar oyendo lo que le sucedió a aquel gran Anciano, que al enterarse de que un hermano había caído en fornicación dijo de él: " ¡Oh! ¡Qué mal ha cometido!"? ¿No conocen la temible historia que refiere al respecto el libro de los Ancianos ? Un santo ángel llevó ante él el alma del culpable y le dijo: "Aquel que juzgaste ha muerto. ¿Dónde quieres que lo conduzca: al reino o al suplicio?" ¿Qué hay más terrible que esta responsabilidad? Porque las palabras del ángel al Anciano no quieren decir otra cosa que: "Puesto que eres tú el juez de justos y pecadores, dame tus órdenes con respecto a esta pobre alma. ¿La perdonas? ¿Quieres castigarla?" Así, este santo anciano, trastornado, pasó el resto de sus días entre gemidos, lágrimas y mil penas, suplicando a Dios le perdonara ese pecado Y esto después de haberse prosternado a los pies del ángel y de haber recibido su perdón. Porque la palabra del ángel: "Así Dios te ha mostrado cuán grave es el juzgar, no lo hagas más", significaba su perdón. Sin embargo el alma del Anciano no quiso ser consolada de su pena hasta su muerte.
En la medida que vamos creciendo en lo personal y sobre todo, en lo espiritual, vamos eliminando la crítica, el juicio, a fin de no darle oportunidad a que de ello salgan vicios, errores, que nos puedan afectar, recordar lo que se nos dice de la Madre Teresa de Calcuta sobre este tópico que : "Juzgar a la gente toma tanto tiempo que no deja espacio para amarla".
Al respecto de ello comenta Jacobo Zarzar AIDI, que en efecto, existe la mala costumbre de juzgar y criticar a las personas sin medir las consecuencias -incluyendo a miembros de la propia familia, y lo peor de todo, es que con esa actitud, no hemos dejado espacio para amarlos. Cuando caemos en ese error, etiquetamos a las personas sin misericordia, hablando mal de ellas como si quisiéramos destruirlas, y no tenemos la menor duda de poner el dedo en la llaga, cuestionando constantemente a sus familiares, cosas que duelen, cosas que lastiman, que son personales y que no se deben de preguntar.


