EL PLACER Y EL DOLOR
Carlos Mora Vanegas
El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer. Walter Bagehot
En la vida debemos experimentar tanto con todo lo que se deriva del placer como del dolor, lo importante es determinar su alcance, sus repercusiones, así como todo aquello que podemos aprender cuando se manifiesta. Desde luego, pueden darse los dos sea en lo físico, que se refleja en la salud, como en lo mental, en lo que experimenta el sentimiento, las emociones.
Lo importante es saber determinar cómo debemos manejar el placer y el dolor, determinar lo que con ello experimentamos y a la hora de afrontarlos cómo hacerlo de tal forma que salgamos adelante en pro de nuestro crecimiento.
Nos recuerda Monterroso Luna que ya Aristóteles, y después Kant (Köningsberg, 1724-1804), afirmaron que gran parte de las acciones censurables del hombre eran movidas por el apetito de placer y la aversión al dolor. Parece razonable pensar que si los hombres no actúan siempre de manera correcta es porque existe alguna razón que nos lleva a obrar de esa manera. El placer es un buen candidato. Todos los animales buscan el placer y, como dijimos, también nosotros orientamos nuestra conducta conforme a ese mecanismo. Aristóteles describió la ética como una ciencia orientada a la conquista de la felicidad por lo que parecería contradictorio pensar que debemos renunciar a toda forma de placer con vistas a adquirir una vida ética. ¿Qué hacer, entonces, con el placer y dolor?
Lo cierto, que se ha dicho al respecto, que generalmente los conceptos de dolor y placer son opuestos, se supone que si hay placer no puede haber dolor y viceversa. Pero también es sabido que en situaciones alteradas se puede llegar a sentir placer haciendo daño a otra persona (sadismo), u obtener placer al sentir dolor (masoquismo). En otras ocasiones, aunque el dolor en sí mismo no produzca placer, sí puede darse la circunstancia de que haya sido causado por un proceso satisfactorio en su conjunto, lo cual puede ocasionar cuadros en los que el dolor y placer se entremezclan
Desde el punto de vista espiritual, por ejemplo es muy interesante lo que nos aporta Wikipedia cuando señala, que Desde un punto de vista metafísico, se ha definido el dolor como "el esfuerzo necesario para aferrarse a un pensamiento negativo". Esta idea se basa en la creencia de que los seres humanos estamos dotados de una serie cualidades innatas, que son las cualidades naturales de la propia vida: armonía, sabiduría, fuerza, amor, etc. Serían todas las cualidades consideradas como "positivas". Según este punto de vista, estas cualidades se manifiestan en la persona de forma natural y espontánea sin necesidad de ningún esfuerzo o acción concreta. Cuando alguien reprime esta manifestación natural negándola en su pensamiento se produce en él o ella lo que percibimos como dolor. La causa de esta resistencia
cibernous.comnos aporta sobre el tema, que todo placer es bueno por su naturaleza, aunque no todo placer es elegible; y, recíprocamente, todo dolor es malo, pero no todo dolor es siempre rehuible. En teoría, todo placer es bueno para nosotros, aunque no debamos desearlos todos; todo dolor es un mal, pero tampoco podemos evitarlos todos
Martín Monterroso Luna nos aporta, que consideremos, que todo sistema moral debe enfrentarse, de una u otra manera, con el placer y con el dolor. Estas experiencias tan cotidianas parecen no requerir ningún tipo de explicación filosófica pues todos hemos sufrido demasiadas veces algún dolor o nos hemos sentido atraídos por una forma de placer. Precisamente por la habitual recurrencia con la que el placer y el dolor aparecen en nuestras vidas y, sobre todo, dada la enorme influencia que estos motivos ejercen sobre nuestra conducta, la ética debe necesariamente describir en qué modo sería deseable afrontar tanto el placer como el dolor.
El placer y el dolor son, sin embargo, fenómenos complejos. Puede que intuitivamente al escuchar estos términos recurramos inmediatamente a una comprensión puramente corporal de éstos. Sentimos placer cuando descansamos en un colchón cómodo y, por ejemplo, sentimos dolor si tropezamos con un bordillo y caemos al suelo. Sin embargo, si pensamos en las vivencias más placenteras o dolorosas de nuestra biografía difícilmente nos remitiríamos a sucesos estrictamente sensibles. La muerte de un ser querido, la conquista de un logro ansiado o el inicio de una relación amorosa son momentos de nuestra vida mucho más determinantes que un acontecimiento aislado que, efectivamente, podría habernos producido placer o dolor.
No hay que olvidar como lo comenta Krisnamurthi, que el deseo y el placer terminan en dolor, y en el amor no hay dolor. Lo que sufre es el pensamiento, el pensamiento que da continuidad al placer, lo nutre y le comunica fuerza. El pensamiento busca perpetuamente el placer y, de ese modo, invita al dolor. La virtud que cultiva el pensamiento es el recurso del placer, y en ello hay esfuerzo y logro. La bondad no florece en el suelo del pensamiento sino en la libertad con respecto al dolor. La terminación del sufrimiento es amor.

