LAS MASAS EN EL PRESENTE
Carlos A. Mora V.
Del árbol del silencio pende el fruto de la seguridad. Proverbio
Usted oye en cualquier conversación, que las masas se han convulsionado o que un grupo de fanáticos o de políticos está influyendo en alguna decisión político-económico-social, o hasta el extremo que pueden provocar suicidios en serie como el que se dio hace años en Guayana. Lo cierto es, que para la psicología, hoy más que nunca, demanda de sus estudiosos, la necesidad de adentrarse en las masas, por lo tanto, como lo destaca el profesor de la Universidad de Frankfurt, Dr. Mitschelich, que el psicólogo es un hombre formado e impregnado por la violencia de las fuerzas sociales de su época, por tanto, lo que piensa y escribe son experiencias de desasosiego. Lo rodea un futuro lleno de problemas aun no resueltos. De aquí entonces, que la psicología de las masas sea el tema central de la ciencia humana de nuestra época, pero desde luego, que ella no puede separarse de la psicología individual.
Justamente, esta dependencia entre el hombre como individuo y el grupo en que crece, en donde realiza sus rendimientos sociales, hasta estar formado por el estilo imperante (como el presente), es lógicamente un acontecimiento inevitable.
Hoy más que nunca, interesa en este campo a los estudiosos el alarmante crecimiento inesperado de la población humana. Aún en el caso que nos concierne Venezuela, en donde la agitación, el desconformismo, la protesta y la medida de presión por las masas, marcan una peculiaridad esencial de sus formas sociales y obviamente de vivencias que resultan en esta inmensa población y de la vida común de tantas personas.
Todos llevamos, aunque algunos no lo notan, una porción, como dice Mitscherlich de no-ego, no yo, que ingenuamente llamamos yo y que es la expresión de la estructura de actitudes colectivas frente a los valores a lo que rige a los juicios, que es la expresión del espíritu colectivo dentro del que crecemos y los impregnamos.
Este no yo se encuentra regulado por los prejuicios, por tanto, la cuestión que nos lanza la historia es que los grupos a los que pertenecemos se han convertido en gran medida en masas. De aquí, que todos somos hombres-masas, y cabe la pregunta: ¿Hasta que punto lo somos?, es decir, ¿Hasta qué punto nos llega la regulación por los perjuicios y hasta que magnitud dependemos de ellos?
Lo que es más preocupante en el presente, es que el hombre de masas es el que no tiene una opinión propia, por tanto, nos podemos preguntar: ¿Puede tener una opinión propia? ¿Es que tuvieron los hombres de otras épocas, en cifras promedio, opinión propia en mayor grado que los hombres del presente?
Sin embargo, lo que si es cierto, es que en los hombres del presente es más fuerte la atracción hacia una originalidad estéril de la opinión propia o hacia un oportunismo descarado frente a las relaciones existentes., debido a la instantánea supervisión de órdenes de valores, justo con el intranquilo cambio de nuevos proyectos, orientaciones de poder, ideologías.
También, no podemos olvidar, que hoy la manifestación significa disposición a la sugestión, buscar la culpa en otro, endemoniar a los otros, porque lo demoníaco en uno mismo ha sido aniquilado por la racionalidad. El excedente en posición se transforma en agresividad siempre dispuesta a la erupción y siempre accesible a cualquier sugestión. De este modo se aniquila radicalmente el sentimiento de solidaridad del grupo, dejando de lado otros fenómenos sociales.
En definitiva, el presente muestra una dinámica de masas que generan serios conflictos y que muchas veces han conllevado a situaciones muy serias de inestabilidad, especialmente en lo político, que incide en lo económico. Todo ello ha generado como en el caso venezolano incertidumbre, riesgos, temores, improductividad, un escenario muy turbulento en donde las masas están desempeñando un rol determinante en su comportamiento.
No se puede olvidar el hecho cierto, que los alzamientos en Rusia, Hungría y Alemania dieron lugar a un resurgimiento de la acción y la iniciativa de las masas. Las necesidades sociales compelieron a la acción de las masas. Pero las tradiciones por ejemplo, del viejo movimiento obrero en Europa occidental y el atraso económico de Europa oriental frustraron el cumplimiento de la misión histórica obrera. Europa occidental vio las masas derrotadas y el alzamiento del fascismo con Mussolini y Hitler, mientras la atrasada economía de Rusia desarrollaba un "comunismo" en el cual la diferenciación entre clase y vanguardia, la especialización de funciones y la regimentación del trabajo alcanzó su cota más elevada.
En Venezuela el rol de las masas es muy relevante actualmente, especialmente ante los efectos, propuestas de la Revolución Bolivariana que ha dado paso a un nuevo paradigma o una manera distinta de observar a los movimientos sociales, respecto a los cambios que se han producido, ante los conflicto entre los grupos que se oponen al Socialismo y quienes lo apoyan. Ante esta realidad señala noticiasdelsur.com ,que si evaluáramos de manera tradicional a los movimientos sociales hoy en Venezuela, podríamos concluir, salvo pocas excepciones, en que se caracterizan por una debilidad organizativa propositiva, cierta dispersión y desarticulación, carentes de visibilidad, sin una plataforma de lucha clara, padeciendo de la autocensura, carentes de iniciativa política propia, niveles de institucionalización de algunos y más bien en una alineación casi vertical con las políticas del Estado.
Pero posiblemente, la Revolución Bolivariana también nos esté proponiendo una nueva época para los movimientos sociales, otorgándoles a éstos un rol protagónico en las políticas públicas y en la configuración de un Nuevo Modelo de Estado. Al mismo tiempo que, a nivel internacional, el gobierno venezolano desarrolla relaciones fluidas con casi todos movimientos sociales de América Latina y del resto del mundo, resultado de espacios inéditos como el Consejo Consultivo de los Movimientos Sociales de ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas).

